Mensajes de José Merino del Río, Presidente del Partido Frente Amplio
GOBERNAR SIN ROBAR, GOBERNAR CON LA GENTE Y PARA LA GENTE
Compatriotas:
Con humildad, pero con el orgullo de haber luchado desde el parlamento y desde la calle, acompañando siempre al pueblo en defensa de la patria y de las condiciones de vida y de trabajo de las mayorías, me dirijo a ustedes para pedirles su voto por el Partido Frente Amplio.
Somos un partido joven en proceso muy rápido de crecimiento. Hoy tenemos un solo diputado, pero necesitamos que esa situación cambie radicalmente el próximo 7 de febrero, en un momento crucial para nuestra patria en que la corrupción y las políticas neoliberales ponen en peligro el trabajo y el salario de las mayorías, así como nuestras conquistas sociales plasmadas en instituciones como la Caja, el ICE, la educación pública, nuestros recursos naturales, el agua, las costas, los puertos y aropuertos. Las mafias enquistadas en el poder político, económico y mediático, aliadas del narcotráfico y del crimen organizado nos amenazan. Hay que pararlas y lo podremos hacer, como lo demostramos en las luchas gloriosas contra el combo y el TLC, como lo están demostrando muchos pueblos hermanos de América Latina.
Somos la verdadera y valiente oposición que con Eugenio Trejos al frente, podemos ganar y demostrar que se puede gobernar sin robar, que se puede gobernar con eficacia, que se puede gobernar con la gente y para la gente.
Un voto por nuestra candidatura presidencial encabezada por un patriota con las manos limpias como lo es Eugenio Trejos, un académico preparado que no tiene ni una sola mancha en medio de tanto político ladrón y mafioso; un voto por nuestras candidatas y candidatos a la Asamblea Legislativa y a las Municipalidades, gente de verdad, luchadora y preparada, es un voto seguro para trabajar unidos por esa Costa Rica solidaria, inclusiva y honesta por la que soñamos.
Ayúdenos compatriota, con su voto tendremos fuerza para defender mejor los derechos de nuestro pueblo. Dígale no a los políticos sinvergüenzas, a los responsables de que vivamos en una Costa Rica azotada por la pobreza, la desigualdad y la delincuencia. Hablan de justicia, cuando han llenado sus bolsillos con los dineros del pueblo. Hablan de seguridad, cuando muchos de ellos debían estar en la cárcel por su complicidad con el crimen organizado. Hablan de patria, cuando todos los días tratan de venderla al mejor postor.
Reciba un saludo respetuoso y solidario.
José Merino del Río
Diputado, Partido Frente Amplio
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LA REBELION FISCAL DE LOS RICOS
José Merino del Río, diputado
Partido Frente Amplio
En los años de cogobiernos neoliberales del PLN, PUSC y Movimiento Libertario, se ha afianzado en nuestro país un patrón de acumulación de riquezas concentrador y excluyente, que se alimenta de un modelo fiscal injusto y regresivo. Costa Rica es un paraiso fiscal para ciertas fortunas procedentes del narcotráfico y del crimen organizado y una bendición para los muy ricos, que pagan pocos impuestos y además los evaden con la complicidad de una administración tributaria ineficaz.
A nadie le gusta pagar impuestos. Lo que pasa es que mientras las rentas salariales no tienen más remedio que pagarlos, porque se los descuentan de la nómina, los empresarios y los ricos se valen de su poder económico y político para reducirlos y burlarlos. La gente empieza a comprender la importancia de los impuestos, cuando a cambio de pagarlos recibe buenos servicios y nota que puede vivir en una sociedad más segura y solidaria; además, la gente quiere que nadie se robe los dineros de los impuestos, o que se despilfarren.
Se dice, por eso, que los impuestos son el precio que pagamos por la sociedad civilizada, y que cada nación escribe su propia historia fiscal como resultado de batallas doctrinales y guerras de intereses, que determinan en cada momento el papel que se le atribuye al Estado y las funciones que se quieren encomendar al sector público. Para la mayoría de los costarricenses, el volumen de los gastos del Gobierno no debería representar ningún problema mientras se invirtiesen en más y mejores escuelas, hospitales, caminos, centros de cultura y de recreación, guarderías infantiles, viviendas, seguridad democrática y policía civilista.
Erradicada la corrupción y el bandolerismo de guante blanco, quisiéramos que el Gobierno gastara todo lo posible en servicios públicos satisfactorios. Para los sectores populares es absolutamente más conveniente pagar unos impuestos equitativos y recibir unos servicios públicos adecuados, que esperar a que la distribución de los bienes públicos se produzca a través del mercado.
El problema lo plantean los ricos, que reciben cualquier intento de redistribución del ingreso nacional mediante impuestos con grandes muestras de indignación. La historia es vieja, pero se radicalizó con la llegada de los neoliberales al poder bajo el clima ideológico del llamado capitalismo salvaje. Los neoliberales lo quieren todo, ¿recuerdan?
Exigen que los gobiernos reduzcan los gastos y que bajen los impuestos. El Estado es para ellos una carga cuando se trata de contribuir a los gastos sociales, pero es divino cuando acude al rescate financiero de las empresas en quiebra o cuando garantiza el pago de los sustanciosos intereses de los bonos de la deuda. Empezó el ataque contra los servicios públicos y el gasto social, y la exigencia de reducir los impuestos a los poderosos mientras se incrementaba la presión de los impuestos indirectos que pagamos todos.
La bandera de los neoliberales de que para ayudar a la clase media y a los pobres, se deben reducir los impuestos de los ricos, sólo sirvió para enriquecer más a una minoría. Las promesas resultaron falsas, como lo vemos hoy con el aumento de la pobreza, la desigualdad y la corrupción galopante.
En Costa Rica las grandes fortunas prácticamente no pagan impuestos, es necesaria una reforma tributaria radical que permita una mayor recaudación y un gasto público de mejor calidad y eficacia. El núcleo de la cuestión es que los ricos paguen, que dejen de estar subsidiados por el Estado y por las capas medias y clases trabajadoras.
A González Flores la oligarquía le dio un golpe de estado por atreverse a plantear un impuesto progresivo sobre la renta. Hoy los nuevos oligarcas, pretenden desde el Estado darle otro golpe al pueblo con la pretensión de imponer en el gobierno a punta de millones a sus obedientes representantes. Los sectores populares deben levantar con valentía la bandera de la reforma tributaria que se necesita, frente a la voracidad de los banqueros y frente a los cínicos de la ultraderecha. El Frente Amplio plantea claramente la urgencia de acabar con esta inmoral rebelión fiscal de los ricos y luchar por una reforma fiscal que haga justicia a las mayorías populares del país.
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LA IZQUIERDA NECESARIA
José Merino del Río, diputado
Partido Frente Amplio
Mientras la derecha reduce su oferta electoral a la “mano dura”, para el Frente Amplio la crisis de Costa Rica se llama pobreza, desigualdad, corrupción, injusticia, discriminación, violencia; forma parte de un modelo neoliberal en decadencia, tanto a nivel productivo, como político, cultural, energético, ambiental, alimentario, moral. No somos tremendistas, tampoco catastrofistas. Cuando hablamos de crisis no estamos hablando de derrotismo, ni nos estamos alegrando con el ensanchamiento del dolor y de la humillación. Estamos hablando de esperanza, como dice Manu Chao, queremos llegar a esa estación.
Transitar de este país que tenemos con su realidad de pobreza y de exclusión que afecta a cientos de miles de costarricenses, de corrupción y crimen organizado, de precarización del trabajo, de destrucción del tejido productivo nacional, de creciente desigualdad, de intolerable violencia patriarcal y sexista, de depredación de la naturaleza, de incertidumbre y desesperanza para la juventud, de pérdida de identidad cultural y de valores , de ascenso del autoritarismo, de ataque a los derechos , garantías sociales y servicios públicos, al país que queremos, necesitará un enorme esfuerzo de análisis, deliberación y convergencia democrática de diversas luchas y movimientos.
Ese país que queremos, como decía recientemente Pedro Casaldáliga, ese benemérito obispo de los pobres , tiene valores referenciales, columnas maestras de la nueva sociedad: la dignidad humana, la igualdad social, la libertad, la corresponsabilidad, la participación, la garantía de alimento, salud, educación, vivienda, trabajo, la ecología integral, la propiedad relativizada porque sobre ella pesa una hipoteca social.
Ser hoy progresista, más allá de cualquier debate estéril sobre etiquetas, es colocarse críticamente frente al significado y a las consecuencias de este sistema injusto, luchar contra sus efectos perversos y por una nueva sociedad inclusiva y solidaria. Es el estado de injusticia en el que vivimos, el que sigue haciendo válida la distinción entre derecha e izquierda, ejes respectivos de la construcción de los dos grandes polos de la reacción y del progreso que se expresan en el campo de las ideas, en la lucha social , en las confrontaciones electorales, aunque a menudo la veamos enmascarada por la instrumentalización de un centro imaginario, receptáculo de votos de los partidos-omnibús dispuestos a recoger adhesiones en todas las paradas a punta de dinero, escondiendo ideologías y programas, lo que también forma parte de la llamada crisis de la política y de los partidos políticos.
Por eso desde el Frente Amplio pensamos en la urgencia de una izquierda necesaria en tres dimensiones esenciales: una izquierda de valores: es decir, con ética, intransigente con las diversas manifestaciones de corrupción, solidaria, internacionalista, defensora de los derechos humanos; una izquierda de lucha: comprometida con las reivindicaciones de los hombres y mujeres que sufren explotación, opresión, discriminación, que se mueve y organiza en defensa de las condiciones de vida y de trabajo de las mayorías, que se moviliza por el desarrollo de la libertad , de la democracia y de la justicia social; y una izquierda de gobierno: con un proyecto alternativo de sociedad, de Estado, de nación , que trabaja desde la sociedad y desde las instituciones con la aspiración de construir poder social y de ganar la mayoría política, a través de las vías democráticas, para llegar al gobierno y construir el poder de las mayorías, instrumentos necesarios para esa Costa Rica posible por la que luchamos.
Esa izquierda necesaria debe tener un compromiso real con la democracia, en la forma de construir los consensos y de enfrentar las discrepancias, en la construcción de los liderazgos desde la participación y la horizontalidad, en la articulación y coordinación de las ideas y de las luchas con el conjunto de fuerzas sociales y políticas que se sitúan críticamente frente a la globalización neoliberal. Debe ser portadora de una cultura y de un talante que combine la firmeza en la defensa de los principios, y de la consecuencia entre el discurso y la acción, con la tolerancia, el respeto al otro, el espíritu abierto para escuchar, corregir y siempre tratar de integrar, unir, articular al amplio y diverso campo popular.
La fuerza que queremos construir tiene el reto de vivir, luchar y crecer desde el compromiso de género, que combata toda forma de subordinación y violencia que este régimen patriarcal practica contra las mujeres; desde el compromiso social que acabe con las diversas formas de explotación que sufre la clase trabajadora; desde el compromiso ambiental que instaure unas nuevas relaciones del ser humano con la naturaleza; desde el compromiso ecuménico de los hombres y mujeres que desde sus convicciones cívicas o de su fe religiosa, nos dan el ejemplo diario del poder redentor de la solidaridad.
Queremos construir partido de ideas y de lucha, una herramienta de emancipación y de pedagogía para la liberación. Rechazamos una visión de la política que la restringe a los espacios institucionales y a los calendarios electorales, y también criticamos otra deformación que divorcia la lucha social de la lucha política, y reduce ésta a una resistencia sin alternativa de gobierno. Estamos en la lucha popular, en el día a día de esa resistencia necesaria contra la corrupción , también estamos en el terreno electoral, tanto para hacer una lúcida crítica del poder que corrompe a la democracia, como para acumular fuerzas desde las instituciones.
Somos y queremos ser un movimiento de las clases trabajadoras, patriótico, ecosocialista, feminista, democrático, solidario, ecuménico, latinoamericano e internacionalista, identificado con las luchas y esperanzas de ese país mayoritario integrado por todas las mujeres y hombres que sufren cualquier tipo de exclusión, explotación, opresión, discriminación, humillación y menosprecio. Esa izquierda de lucha y de gobierno, democrática y transformadora, es hoy necesaria y urgente para impedir que el país se deslice hacia una derecha sin corazón y sin alma, para que podamos vivir en una Costa Rica en la que quepamos todas y todos, naturaleza incluida.


